Poemas de Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814 – 1873)

Mujeres escritoras: La poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Al partir

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!
¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
la noche cubre con su opaco velo,
como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!… La chusma diligente,
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza, y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!
¡Doquier que el hado en su furor me impela,
tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela,
el ancla se alza, el buque estremecido
las olas corta y silencioso vuela!

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Poesías, 1850.

Imitación de Petrarca

No encuentro paz, ni me conceden guerra,
de fuego devorado tengo frío,
abrazo al mundo y quédome vacío,
me lanzo al cielo y préndeme la tierra.

Ni libre soy, ni la prisión me encierra,
veo sin luz, sin luz hablar ansío,
temo sin esperar, sin placer río,
nada me da valor, nada me aterra.

Buscó el peligro cuando auxilio imploro,
al sentirme morir me encuentro fuerte,
valiente pienso ser y débil lloro.

Cúmplese así mi extraordinaria suerte,
siempre a los pies de la beldad que adoro,
que no quiere mi vida ni mi muerte.

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Poesías, 1850.

Soneto

Imitando una oda de Safo

¡Feliz quién junto a ti por ti suspira!
¡Quién oye el eco de tu voz sonora!
¡Quién el halago de tu risa adora,
Y el blando aroma de tu aliento aspira!
Ventura tanta, que envidioso admira
El querubín que en el Empíreo mora,
El alma turba, al corazón devora,
Y el torpe acento, al expresarla expira.
Ante mis ojos desaparece el mundo,
Y por mis venas circular ligero
El fuego siento del amor profundo.
Trémula, en vano resistirte quiero…
De ardiente llanto mi mejilla inundo,
¡Deliro, gozo, te bendigo y muero!

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Poesías, 1850.

El recuerdo importuno

¿Serás del alma eterna compañera,
tenaz memoria de veloz ventura?…
¿Por qué el recuerdo interminable dura
si el bien pasó cual ráfaga ligera?
¡Tú, negro olvido, que con hambre fiera
abres ¡ay! sin cesar tu boca oscura,
De glorias mil inmensa sepultura
y del dolor consolación postrera!,
Si a tu vasto poder ninguno asombra
y al orbe riges con tu cetro frío,
¡Ven!, que su dios mi corazón te nombra.
¡Ven y devora este fantasma impío,
de pasado placer pálida sombra,
de placer porvenir nublo sombrío!

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Poesías, 1850.

Canción

Imitando otra de Victor Hugo

Sale ya la Aurora hermosa
Y están cerradas tus puertas…
Cuando despierta la rosa
¿Por qué, amada, no despiertas?
¡Sacude el sueño al instante,
Mi señora,
Y escucha al amante
Que canta y que flora!

Suena a tu puerta un clamor:
El sol dice —soy el día:
El ave —soy la armonía:
Di corazón —soy amor.
¡Sacude el sueño al instante,
Mi señora,
Y escucha al amante
Que canta y que llora!

Gertrudis Gómez de Avellaneda
Poesías, 1850.

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